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Cuba y Estados Unidos: Un acercamiento de enemigos

Un caudal de aplausos y duras criticas a favor y en contra del presidente Barack Obama invadieron los medios de comunicación a mediados de diciembre pasado cuando el mandatario estadounidense anunció el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, por primera vez en más de medio siglo.

Los que recibieron con beneplácito la noticia en su mayoría indicaron que ¡ya era hora de un cambio! Pues el embargo económico que desde 1959 prohíbe el intercambio comercial entre Cuba y Estados Unidos, en realidad no ha hecho nada por desestabilizar el régimen comunista que gobierna la Isla caribeña.

Del otro lado de la moneda, los que rechazaron el acercamiento de estos dos eternos enemigos diplomáticos (en su mayoría líderes del exilio cubano y del Partido Republicano), auguraron que se trataba de una muestra más de la presunta tendencia izquierdista de Obama, incapaz de lograr (o al menos iniciar) un proceso de democratización en Cuba.

En cuanto al cubano de a pié que vive y trabaja en el Sur de Florida, el acercamiento entre Washington y La Habana también generó opiniones encontradas. Unos expresaron su descontento y desesperanza, porque sentían que los cambios anunciados no tendrían impacto alguno a favor de sus parientes y seres queridos en Cuba. Por otro lado, había los que manifestaban su fervor, pues a partir de hora podrían viajar con mayor facilidad a su país, enviar más dinero en remesas a sus familiares, y gastar sin restricciones, una vez visiten el territorio cubano.

Lo cierto es que las opiniones son tantas, que nadie sabe al final cuál será el impacto a corto, mediano y largo plazo del restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos. En la política, al igual que en el béisbol, está más que demostrado que cualquier cosa puede pasar hasta que no caiga el último "out" en la parte baja de la novena entrada.

Los republicanos y los líderes conservadores del exilio cubano sí tienen mucha razón con que la administración Obama jamás debió negociar la liberación de tres espías cubanos convictos en Estados Unidos por su participación en la Red Avispa e involucramiento con el derribo de las dos avionetas de Hermanos al Rescate, en febrero de 1996, a cambio del contratista estadounidense Alan Gross (quien llevaba cinco años preso en Cuba) y un cubanoamericano, que estaba encarcelado en Cuba por supuestamente colaborar con las agencias de inteligencia de Estados Unidos.

Estados Unidos se ha destacado siempre a través de la historia por ser una nación intransigente, que jamás negocia con terroristas o dictadores. Pero esta política de no hablar con el enemigo sin dudas ha cambiado bajo la administración Obama.

Lo interesante, sin embargo, es que aparentemente el acercamiento entre Washington y La Habana ya está dando algunos resultados favorables. Pese a una lenta implementación en la segunda mitad de diciembre, durante la primera semana de enero el gobierno cubano liberó a decenas de presos políticos, que habían sido detenidos injustamente en las represivas cárceles de esa dictadora.

Ningún presidente de Estados Unidos, republicano o demócrata, había obtenido esto desde que los Castro se adueñaron del poder en Cuba en 1959, y eso es un notable logro. Ahora todos los huevos de la conversación diplomática están en las negociaciones de alto nivel pautadas para fines de enero en La Habana, y cómo caerán las piezas del rompe cabezas a partir de entonces.

También está en el aire el futuro la política migratoria de Estados Unidos, su Ley de Ajuste Cubano, el famoso Pies Secos, Pies Mojados, que permite que los inmigrantes cubanos obtengan una residencia permanente tras permanecer un año y un día en suelo estadounidense. Algunos temen que el acercamiento de Cuba y Estados Unidos eliminaría la necesidad dichas medidas migratorias.

Un factor adicional: Los más de 30,000 cubanos en Estados Unidos con órdenes de deportación por haber cometido delitos. ¿Serán repatriados a su país natal, que ahora no los quiere acoger? Los expertos coinciden en que es poco probable que haya una deportación masiva de cubanos convictos.

Los vecinos geográficos de Cuba, también están ansiosos por ver el desenlace de su acercamiento diplomático a Estados Unidos. Especialmente países como México, Bahamas, Jamaica y República Dominicana, que dependen en gran parte del turismo, ahora no saben si podrán competir con una Cuba sin restricciones.

No hay dudas que Cuba tiene grandes atributos turísticos, hermosas playas y envidiable destinos. Pero la infraestructura cubana y el personal turístico de la Isla, pese a las inversiones de España y otros países, están a años luces de los otros destinos caribeños.

También, y asumiendo que Cuba es catapultada para competir con otros rivales turísticos, es muy probable que muchos optarán por no viajar allí hasta que no ocurra un cambio democrático. De la misma manera que Wendy’s, McDonalds y Burger King compiten en un mismo mercado para vender hamburguesas, Cuba lo hará contra el resto del Caribe.

Para concluir, lo más triste es que los críticos de Obama y el reciente acercamiento con Cuba no se dan cuenta lo equivocado que es esperanzarse en las acciones de Estados Unidos como el principal precursor de la libertad en la Isla. Si bien, como potencia global Estados Unidos es un protagonista influyente en el Mundo, ningún país debe depender de su política internacional para alcanzar la democracia.

Libertad es algo que nace de adentro, y a pesar de los valientes esfuerzos de la disidencia interna en Cuba, hasta la fecha no se ha podido lograr. La lucha interna debe continuar dentro de la Isla, independientemente de si Washington se acerca a La Habana o no.

Si algo ha quedado en evidencia en los últimos 50 años es que el exilio, hablando y hablando y hablando desde el Sur de Florida, tampoco ha podido derrocar a los Castro y su séquito de maleantes comunistas.

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El periodista Fernando Almánzar trabaja como Productor y Editor de Asignaciones en Telemundo, y ha sido galardonado con tres Premios Emmy como miembro del equipo del programa matutino "Un Nuevo Día".